En el collado de Añisclo arranca una larga sierra hacia el sureste, que no es sino una prolongación de uno de los tríos más legendarios del Pirineo: las Tres Sorores. Este cordal, llamado Sierra de las Sucas, está compuesto por varias puntas, generalmente bastante individualizadas y prominentes, situadas además en lugares muy remotos. La sierra delimita el valle de Pineta por el sur, conformando una de las murallas más impresionantes de la cordillera, famosa por las aludes que se precipitan por sus grandes paredes y que son bien visibles desde las poblaciones de la Bal Verde. Sus cimas más conocidas son las Tres Marias, las hermanas pequeñas pero matonas de las Sorores, y la Pala de Montinier, la colosal montaña que parece cerrar este largo cordal por el este. Y digo parece porque aún quedan dos montañas en esta sierra que, aunque de menor porte y altura que sus compañeras occidentales, siguen presentando buena parte de sus características: formidables paredes hacia el norte, afilada caliza aflorando por doquier y magníficos panoramas sobre los valles de Bielsa y Pineta. Son la Peña Altura y el Puntal de Bachaco.
En el collado de Añisclo arranca una larga sierra hacia el sureste, que no es sino una prolongación de uno de los tríos más legendarios del Pirineo: las Tres Sorores. Este cordal, llamado Sierra de las Sucas, está compuesto por varias puntas, generalmente bastante individualizadas y prominentes, situadas además en lugares muy remotos. La sierra delimita el valle de Pineta por el sur, conformando una de las murallas más impresionantes de la cordillera, famosa por las aludes que se precipitan por sus grandes paredes y que son bien visibles desde las poblaciones de la Bal Verde. Sus cimas más conocidas son las Tres Marias, las hermanas pequeñas pero matonas de las Sorores, y la Pala de Montinier, la colosal montaña que parece cerrar este largo cordal por el este. Y digo parece porque aún quedan dos montañas en esta sierra que, aunque de menor porte y altura que sus compañeras occidentales, siguen presentando buena parte de sus características: formidables paredes hacia el norte, afilada caliza aflorando por doquier y magníficos panoramas sobre los valles de Bielsa y Pineta. Son la Peña Altura y el Puntal de Bachaco.
Situadas al este del célebre paso del Portiello de Tella, la Peña Altura y el Puntal de Bachaco se mueven alrededor de los 2.300 metros de altitud, una cifra muy modesta comparada con la del resto de montañas del macizo del Monte Perdido del que, a pesar de encontrarse muy lejos de su núcleo, siguen formando parte. Sin embargo, al estar situadas en el extremo más oriental del valle de Pineta, disfrutan de una perspectiva soberbia del mismo, al verlo pudiéndose contemplar de principio a fin. A ello se añade su privilegiada posición sobre la confluencia de este valle con el del Cinca, cuyas aguas serpentean más de mil metros por debajo de la caliza muralla del Puntal. Su ascenso por el sur discurre por los extensos y bellos prados de la vertiente meridional de la Sierra de las Sucas, mientras que, el cresteo desde el Portiello de Tella hasta el Puntal de Bachaco es increíblemente panorámico a la par que sencillo. Se trata, pues, de una excursión en la que podremos probar una pequeña parte del carácter de las cimas de uno de los macizos más famosos de nuestro país, mientras disfrutamos de una recompensa muy generosa: las extraordinarias vistas que ofrece.
