El macizo de Llaberia está formado principalmente por una colosal muela caliza, de una área tan extensa que resulta difícil delimitar con precisión sus límites. Como es habitual en este tipo de formaciones, la mayoría de sus cumbres apenas sobresalen de la larga muralla rocosa que recorre su contorno occidental, septentrional y oriental. Sin embargo, la Serra de Llaberia presenta una anomalía bastante llamativa. En su vértice suroccidental, y tan apartada del perímetro de la muela que incluso podría discutirse su pertenencia al conjunto (aunque comparta plenamente sus rasgos geológicos), se alza una montaña aislada que brilla con luz propia: el Montalt. De altura modesta, el Montalt posee, no obstante, la presencia de una gran montaña. Su brutal cara oeste, un paredón de una altura y potencia poco común en la Prelitoral, domina los viñedos del Priorat y la Ribera d’Ebre. Por el contrario, su vertiente oriental se presenta como una desolada ladera kárstica donde la vegetación apenas logra arraigar, antes de precipitarse en las profundidades boscosas de los barrancos que descienden de Llaberia.
El macizo de Llaberia está formado principalmente por una colosal muela caliza, de una área tan extensa que resulta difícil delimitar con precisión sus límites. Como es habitual en este tipo de formaciones, la mayoría de sus cumbres apenas sobresalen de la larga muralla rocosa que recorre su contorno occidental, septentrional y oriental. Sin embargo, la Serra de Llaberia presenta una anomalía bastante llamativa. En su vértice suroccidental, y tan apartada del perímetro de la muela que incluso podría discutirse su pertenencia al conjunto (aunque comparta plenamente sus rasgos geológicos), se alza una montaña aislada que brilla con luz propia: el Montalt. De altura modesta, el Montalt posee, no obstante, la presencia de una gran montaña. Su brutal cara oeste, un paredón de una altura y potencia poco común en la Prelitoral, domina los viñedos del Priorat y la Ribera d’Ebre. Por el contrario, su vertiente oriental se presenta como una desolada ladera kárstica donde la vegetación apenas logra arraigar, antes de precipitarse en las profundidades boscosas de los barrancos que descienden de Llaberia.
El Montalt consta de dos cotas bien diferenciadas: la meridional, más baja y de perfil más suave, es la más conocida y la que da nombre al conjunto: la septentrional, denominada en algunos mapas como l’Escambellet (nombre que generalmente se le da a un pilar rocoso situado algo más al norte), es un risco vertical que refleja mejor el carácter agreste de la montaña. En esta excursión se propone ascender a ambas puntas del Montalt mediante un itinerario variado y exigente, que recorre los rincones más verticales y salvajes del Montalt, internándonos en su impresionante cara oeste por la Canal del Mano y bajando por el estético Barranc de Portadeix, en su vertiente oriental, con el desafiante añadido de la Punta de la Portella de Montalt, una prominente aguja desde la que tendremos un espectacular primer plano de la muralla. Si logramos superar las dificultades que plantea la áspera vegetación, la incomodidad de las pedreras calizas y el terreno agreste en general, descubriremos lo que en mi opinión es una de las montañas más bellas, y también más solitarias, de toda la Prelitoral.
