Aunque parezca mentira, existen ejemplos de volcanes en la cordillera pirenaica. Los dos representantes más claros están, curiosamente, situados muy cerca uno del otro, en el extremo oriental de los Pirineos Occidentales. A ambos lados de la frontera del Portalet aparecen dos montañas cuya dura y resistente roca ha soportado la erosión que se llevó por delante los materiales más blandos que la recubrían, dejando al descubierto los restos verticales de antiguas chimeneas volcánicas que hoy conforman la estructura de estas montañas. Al norte del Portalet aparece, majestuoso, el Midi d’Ossau, la legendaria montaña que marca la máxima altura de los Pirineos Occidentales; al sur, ya en territorio aragonés y de menor altura pero rivalizando en esbeltez y belleza con su magmático gemelo, emerge el magnífico Anayet, una de las cimas más singulares y bellas de todo el Pirineo. El Anayet es el techo de un pequeño y aislado macizo enclavado en el oeste del Valle de Tena, que separa las dos montañas más altas del Pirineo Occidental: la Collarada y el ya mencionado Midi d’Ossau.
Aunque parezca mentira, existen ejemplos de volcanes en la cordillera pirenaica. Los dos representantes más claros están, curiosamente, situados muy cerca uno del otro, en el extremo oriental de los Pirineos Occidentales. A ambos lados de la frontera del Portalet aparecen dos montañas cuya dura y resistente roca ha soportado la erosión que se llevó por delante los materiales más blandos que la recubrían, dejando al descubierto los restos verticales de antiguas chimeneas volcánicas que hoy conforman la estructura de estas montañas. Al norte del Portalet aparece, majestuoso, el Midi d’Ossau, la legendaria montaña que marca la máxima altura de los Pirineos Occidentales; al sur, ya en territorio aragonés y de menor altura pero rivalizando en esbeltez y belleza con su magmático gemelo, emerge el magnífico Anayet, una de las cimas más singulares y bellas de todo el Pirineo. El Anayet es el techo de un pequeño y aislado macizo enclavado en el oeste del Valle de Tena, que separa las dos montañas más altas del Pirineo Occidental: la Collarada y el ya mencionado Midi d’Ossau.
Este macizo se articula alrededor de los bucólicos Llanos de Anayet, donde hoy encontramos dos lagos desde los que se puede obtener una de las postales más bonitas del Pirineo: la elegante silueta del Midi reflejada en las calmadas aguas del Ibón de Anayet. La búsqueda de esta imagen provoca que mucha gente visite este paraje y, posteriormente, intente ascender al altivo Anayet, la montaña más ascendida de la región con diferencia. Aparte del negro pilar del Anayet, el anfiteatro que rodea los Llanos alberga otras cumbres como el Vértice de Anayet, una cima en la que se pueden apreciar perfectamente los variados estratos geológicos que hay en la zona, el Arroyeras, privilegiado mirador de la Sierra de la Partacúa y de la Collarada o el Espelunciecha, la aislada montaña que es el mejor balcón sobre este circo. La consecución de todas estas cimas forma una actividad pirenaica de primer orden que, aunque no alcance grandes alturas, no debe infravalorarse, pues la verticalidad del Anayet, aunque fácilmente superable, no regala su ascensión. A cambio, disfrutaremos de las fabulosas vistas del Valle de Tena y del resto de los Pirineos Occidentales que se obtienen desde estas cumbres, recorriendo parajes que se encuentran entre los más bellos que ofrece nuestra cordillera; un itinerario de los que cuestan de olvidar.
